Aún recuerdo cuando empecé en la universidad. Todas las chavalas, en sus cinco minutos libres, se sacaban el librito de la autoescuela, o tests, y se ponían con el dichoso teórico. A los pocos meses venían canturreando felizmente la consecución de su carné de conducir. La profesora de alemán so
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Con un poco de retraso, quisiera hablar de un mail que me escribió hace diez días un tal Joan Trujillo. Me cuenta que está traduciendo un libro sobre el Sitio de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial. Parece ser que acabó en el blog por accidente mientras visitaba esta web. Ahora copio y peg
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—No llores —le dije sentándome a su lado—. Los hombres no deben llorar. ¿Sabes por qué? Porque es signo de debilidad y la debilidad invita al abuso o a la compasión, dos cosas dignas de ser evitadas.
[...]
—¿Todo lo que ocurre, ocurre por la voluntad de Dios, raboni?
—
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