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Dedicado a la literatura, la fotografÃa, el cine, la música. CrÃticas de libros y pelÃculas. Reproductor de música. Breviario.
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En los barrios bajos, cuando un garito cierra al poco tiempo abre otro, a veces en el mismo local, otras veces tres calles más abajo. La fisonomÃa del barrio va cambiando asà poco a poco. Luces rojas por luces azules, toldos a rayas o toldos con publicidad de alguna cerveza. Los traspÃes cambian de más »
Ha llegado el momento. Todo termina. Esto empezó el 28 de febrero de 2008, con la excusa de compartir un reproductor de música. Tras la excusa, como una huida, vinieron las fluidas exclusas, el Ponte Vechio, Il Mio Babbino Caro y la certeza de que la melancolÃa es siempre la huella de una bà más »
Si tuerces las horas para no sentirme y lloras cara a otra pared que no sea mi mente, si te escondes por los rincones de los caminos por los que yo camino, si te sientas y miras por las ventanas donde mi sueño no aparece. Quizá es que estás en otro mundo, en otro bosque tocando tu violÃn más »
No te preocupes, amor, si te quedas, si no vienes. No te preocupes, amor, si el tiempo cambia y ya no eres, y ya no sientes, y ya no quieres. No te preocupes, amor, si no recuerdas, si no olvidas aquello que te olvida. No te preocupes, amor, si sales corriendo de tu última idea, s.. más »
La barriga de Violeta sube y baja como un horizonte que quiere jugar a ser pelota y botar sin tiempo ni suelo ni techo. La cabeza de Alexis se deja acompañar por esa piel que a él le sabe a mapa de mantequilla y saliva. Han pasado tres segundos y tres mil fotogramas por la cinta sin fin que es el . más »
De su casa a la fábrica de segundos habÃa apenas cinco minutos. Su despertador sonaba a las 6.30 y una vez más a las 6.38. Norman se levantaba sonámbulo, tratando de no hacer ruido, y recorrÃa el pasillo a oscuras, sin saber muy bien si recordaba o aún soñaba. El espejo era otro hombre y más »
Tus amigos empiezan a hacer pausas entre palabras. Levantan las cejas y parecen chuparse las pollas mientras hablan. Están pagados de sà mismos y quieren un aplauso. Tus amantes te dicen te quiero mientras se hurgan los dedos de los pÃes, calzados con cientos de olvidos de números e más »
Violeta tiene la piel aterida, blanca como un témpano y frÃa como la distancia. No soporta más el tembleque de su corazón queriendo calentar tantos dÃas lejos de los suyos y de aquel hombre que a veces calentaba sus piernas, su espalda o sus nalgas con el restallido de aquella otra piel. Desde h más »
Es fácil dejarse morir, pensó el protagonista del cuento que estaba intentando escribir Alex Lamico. Lo dicen todos los manuales: tú te dejas caer en cualquier sitio, a tu elección según tu estado de ánimo, y esperas allÃ, tumbado, con los ojos cerrados y sin pensar en nada. Yo lo he intentado más »