¿Quién ha matado a Myriam?
Hoy, ��ngeles Pedraza, vicepresidenta de la AVT, ha escrito una emotiva carta en "El Mundo", en la que expresa claramente lo que siente ante la reacci��n de la sociedad espa��ola por los acontecimientos que le arrebataron a su hija el 11 de marzo de 2004, junto a la de otras 190 personas, dejando m��s de 1500 heridos.
Tan solo han pasado cuatro a��os, pero parece que el tiempo no le ha curado las heridas, porque hay lesiones que no cicatrizan con los a��os, sino que se abren mucho m��s, al comprobar que las acciones que se esperaban por parte del sistema estatal que debe garantizar los derechos de los ciudadanos ha fracasado, y lo peor es que a poca gente le importa.
Los espa��oles hemos progresado adecuadamente, tal como esperaban algunos pol��ticos. Nos hemos apartado del dolor que supone un crimen sin responsables, a la aceptaci��n de que las responsabilidades se resumen en un minero esquizofr��nico que vendi�� dinamita al por mayor, y unos "fundamentalistas" que ciertamente no eran estrictos devotos de las ense��anzas de Mahoma.
La sentencia del 11-M del juez G��mez Berm��dez ha juzgado lo que se pod��a juzgar, que era lo instruido en un sumario "mal hecho" por el juez Del Olmo, ahora alejado del mundanal ruido al refugiarse en su tierra natal. Y esto es todo lo que se ha podido hacer.
Max Gluckman, analizando la evoluci��n en la aplicaci��n de la ley desde una perspectiva antropol��gica, lleg�� a la conclusi��n de que los ofendidos de las m��s diversas culturas denominaban justicia a cualquier forma de restituci��n y reconocimiento de su agravio.
Dif��cilmente se puede restituir una vida de un hijo, pero si es posible reconocer lo ocurrido. Se hizo en Argentina con los "vuelos de la muerte", se hizo en toda Europa con los cr��menes de los nazis, tambi��n en Italia con la corrupci��n del Partido Socialista Italiano, incluso en Estados Unidos se ha juzgado a gente de la CIA por sus cr��menes, y recientemente se ha hecho en la antigua Yugoeslavia con los diversos genocidios.
Sin embargo hay pa��ses donde la costumbre es la de no juzgar los cr��menes de Estado, ejemplos tenemos en China con lo ocurrido en Tiananmen o en el Tibet, en Rusia con el genocidio de Stalin, en Corea del Norte, en Cuba, en Camboya, en Laos, en Vietnam, y en Espa��a, donde sin ir m��s lejos seguimos sin saber quien fue Mister X, y quienes han sido los autores de los cr��menes del 11-M.
Nuestra democracia se lo puede permitir, lo soporta todo o casi todo, porque el sistema judicial depende absolutamente del sistema pol��tico, no hay separaci��n de poderes en Espa��a, y los pol��ticos han heredado del franquismo la "buena costumbre" de no juzgarse a s�� mismos, derecho pol��tico consuetudinario, del que se deriva la ley de hierro de la oligarqu��a pol��tica que permite todos sus desmanes m��s all�� de la justicia y la ley.
Esa es la realidad de nuestra democracia, pero en esta ocasi��n, una vez m��s, se��ora Pedraza, como usted podr�� comprobar, en Espa��a los ��nicos cr��menes que se juzgan son los del coraz��n, nunca el coraz��n de los cr��menes.
Siento la muerte de su hija, como muchos espa��oles, no est�� usted sola, la inmoralidad del Estado jam��s prescribe. Hay una parte importante de la sociedad que la acompa��a en su dolor y que tampoco olvida, es la que seguir�� preguntando con usted hasta que se sepa: ��qui��n ha matado a Myriam?.
Biante de Priena
Tan solo han pasado cuatro a��os, pero parece que el tiempo no le ha curado las heridas, porque hay lesiones que no cicatrizan con los a��os, sino que se abren mucho m��s, al comprobar que las acciones que se esperaban por parte del sistema estatal que debe garantizar los derechos de los ciudadanos ha fracasado, y lo peor es que a poca gente le importa.
Los espa��oles hemos progresado adecuadamente, tal como esperaban algunos pol��ticos. Nos hemos apartado del dolor que supone un crimen sin responsables, a la aceptaci��n de que las responsabilidades se resumen en un minero esquizofr��nico que vendi�� dinamita al por mayor, y unos "fundamentalistas" que ciertamente no eran estrictos devotos de las ense��anzas de Mahoma.
La sentencia del 11-M del juez G��mez Berm��dez ha juzgado lo que se pod��a juzgar, que era lo instruido en un sumario "mal hecho" por el juez Del Olmo, ahora alejado del mundanal ruido al refugiarse en su tierra natal. Y esto es todo lo que se ha podido hacer.
Max Gluckman, analizando la evoluci��n en la aplicaci��n de la ley desde una perspectiva antropol��gica, lleg�� a la conclusi��n de que los ofendidos de las m��s diversas culturas denominaban justicia a cualquier forma de restituci��n y reconocimiento de su agravio.
Dif��cilmente se puede restituir una vida de un hijo, pero si es posible reconocer lo ocurrido. Se hizo en Argentina con los "vuelos de la muerte", se hizo en toda Europa con los cr��menes de los nazis, tambi��n en Italia con la corrupci��n del Partido Socialista Italiano, incluso en Estados Unidos se ha juzgado a gente de la CIA por sus cr��menes, y recientemente se ha hecho en la antigua Yugoeslavia con los diversos genocidios.
Sin embargo hay pa��ses donde la costumbre es la de no juzgar los cr��menes de Estado, ejemplos tenemos en China con lo ocurrido en Tiananmen o en el Tibet, en Rusia con el genocidio de Stalin, en Corea del Norte, en Cuba, en Camboya, en Laos, en Vietnam, y en Espa��a, donde sin ir m��s lejos seguimos sin saber quien fue Mister X, y quienes han sido los autores de los cr��menes del 11-M.
Nuestra democracia se lo puede permitir, lo soporta todo o casi todo, porque el sistema judicial depende absolutamente del sistema pol��tico, no hay separaci��n de poderes en Espa��a, y los pol��ticos han heredado del franquismo la "buena costumbre" de no juzgarse a s�� mismos, derecho pol��tico consuetudinario, del que se deriva la ley de hierro de la oligarqu��a pol��tica que permite todos sus desmanes m��s all�� de la justicia y la ley.
Esa es la realidad de nuestra democracia, pero en esta ocasi��n, una vez m��s, se��ora Pedraza, como usted podr�� comprobar, en Espa��a los ��nicos cr��menes que se juzgan son los del coraz��n, nunca el coraz��n de los cr��menes.
Siento la muerte de su hija, como muchos espa��oles, no est�� usted sola, la inmoralidad del Estado jam��s prescribe. Hay una parte importante de la sociedad que la acompa��a en su dolor y que tampoco olvida, es la que seguir�� preguntando con usted hasta que se sepa: ��qui��n ha matado a Myriam?.
Biante de Priena







2 Comentarios:
"Han matado a mi hija y no sé qué hacer" en el Blog de J.O.Noville
Disiento en un "pequeño" detalle: el juez Bermudez, ilustrisima a quien dios guarde muchos años (lejos de un palacio de justicia) no ha juzgado lo que le permitia la instrucción (por llamarla asi) del juez invidente.
El juez, su señoria ilustrisima y reverendisima, no ha deducido testimonio de nunguna de las mentiras evidentes que se dijeron es su presencia.
No puede decirse que su eminencia judicial tenga un pelo de tonto. Por tanto tiene otras razones para no haber realizado esas deducciones de testimonio que prometio.
¿Estado de derecho? Un insulto a la inteligencia
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