A Duchamp, Man Ray y Picabia se les ha visto en expos compartidas, en las que versan sobre el surrealismo y las que hablan de dadaísmo. Ahora, ellos tres y sobretodo, la relación que mantuvieron, su amistad, sus partidas de ajedrez y las fotos entre ellos, son los protagonistas de esta exposición que llena dos salas del Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Barcelona. Al cruzar el dintel uno se encuentra frente a una gran Gioconda con bigote, la célebre "L.H.O.O.Q." de Duchamp. Frente ésta uno para, se concentra y se prepara para adentrarse en un mundo donde lo dispar es arte y el arte es lo dispar. Más de 300 obras nos demuestran que no sólo impresiona encontrarse frente sus readymades sino la recopilación documental donde se les ve retratándose entre ellos, leer sus escritos o verlos posar. Descubrimos su común afición a las máquinas, el erotismo, el movimiento tridimensional, la experimentación con la luz en las trasparencias, el humor y el reflejo de la sensualidad. Explorando sus retratos vemos como les gustaba disfrazarse e interpretar un papel ante la cámara (como las fotos de Man Ray, del alter ego de Duchamp "Rose Elavy") y como establecieron ese diálogo intelectual común, compartiendo creencias personales con esa manera de ver las cosas y moviéndose en ese mundo artístico paralelo, que a pesar de las distancias, compartieron a lo largo de su vida.
La exposición se completa con revistas y libros creados por los tres artistas y cabe destacar la buena apreciación, por la buena disposición en el museo, de "La novia puesta al desnudo por sus solteros" (o "Gran Vidrio"). Al salir, uno se enfrenta contra una pared donde en grandes letras y en diferentes idiomas, vemos algunas de sus grandes citas que nos dejan perplejo, nos emocionan y nos hacen ver que marcaron un antes y un después, que fueron irreverentes, provocadores y se tomaron la vida con una actitud anarquista, que les llevó a romper fronteras y a crear un legado.