
LA CASONA DE TUDANCA.
Situada en el pueblo que le da su nombre, fue mandada construir en la ladera de la montaña dominando al río Nansa, por el indiano Pascual Fernández de Linares, hijo de Juan Fernández de Linares y Francisca Gómez de la Cotera, natural de la vecina localidad de La Lastra, después de regresar inmensamente rico de Perú.
Pascual Fernández de Linares, salió de Tudanca muy pobre, con un pan y una borona y regresó con una fortuna inmensa.
Sirvió en el corregimiento de Lucanas en Perú. Fue también gobernador del Callao, en la época en que ocurrió un gran terremoto que ocasionó una gran catátrofe y ruina , quedando muchos bienes sin dueños, aprovechándose de ellos don Pascual.
Cuando decidió volver a su tierra tudanca a ennoblecerse y fraguarse el linaje que había soñado, avisó de su regreso a sus parientes, que no creyéndole rico, no salieron a recibirle. Tan sólo lo hizo su sobrina doña Rosa García de Miranda.
Hizo construir don Pascual la casona y para ennoblecerla con el escudo de armas se hizo fraguar una Executoria de Hidalguía de sangre.
Esta casa solariega de Tudanca es un edificio complejo levantado en piedra con los muros revocados que la hacen sobresalir sobre el resto de las casas del pueblo. Consta de tres cuerpos diferentes: la casa solariega con una solana orientada al sur como es tradicional, una capilla con espadaña y una torre cuadrangular.
En la fachada principal figura el escudo de armas de Pascual Fernández de Linares.
En la entrada principal está colocada una réplica de la Virgen de la localidad peruana de Cocharcas, que se trajo de allí don Pascual y a cuya devoción atribuía el haberse salvado del terremoto y haberse podido hacer con los bienes que quedaron sin dueño
La capilla posee un retablo barroco del siglo XVIII. También puede observarse un niño de tradición flamenca del siglo XVI y una Virgen Dolorosa vestida con un manto confeccionado de un capote de paseo del torero José Gómez Ortega «Gallito», que Cossío adquirió a la viuda de Sánchez Mejías,
Nuestro paisano, agradeció a su sobrina doña Rosa las atenciones y cuidados desinteresados que le prestó a su llegada, y sirviéndose de la cuantiosa fortuna que poseía la emparentó con el mayorazgo de los Cuesta, casándola con don Pedro Juan de la Cuesta, vecino de La Lastra, lugar donde tenía su casa solariega, y posteriormente la nombró su heredera.
Entre los descendientes de ésta, nacidos en la antigua casa de La Lastra, se encuentran el obispo de Ceuta y Sigüenza José Patricio García de la Cuesta y el militar Gregorio García de la Cuesta. Éste último combatió en la guerra del Rosellón contra la República Francesa (1793-1795) y más tarde fue cabeza de las tropas españolas que participaron en la batalla de Talavera en el año 1809 contra los ejércitos napoleónicos, siendo autor de un interesante epistolario.
Se cuenta que el obispo don José Patricio de la Cuesta empezó tratando con cierto desdén compasivo al tudanco, pero más tarde cuando tuvo que acudir a su plata le llamaba en sus cartas “ señor y dueño mío”.
De los antiguos moradores de la Casona se guardan numerosos objetos como un poncho peruano y varios trabajos de platería traídos por Pascual Fernández de Linares. Del general Gregorio de la Cuesta, además de su retrato y escudo de armas, se conserva la cama portátil que llevaba al frente durante las guerras napoleónicas.
La familia de la Cuesta fue sucediéndose en Tudanca y don Pedro Juan dejó un hijo, don Antonio, y este a su vez, dejó tres, Manuel, Antonio y Francisco.
En el siglo XIX, gracias a la figura de Juan Manuel de la Cuesta y Cossío, bisabuelo de don José María de Cossío, la Casona de Tudanca fue hogar temporal de políticos y literatos.
También a finales del XIX, el edificio, el paisaje y varias de las personas que lo poblaban se convirtieron en escenarios y protagonistas literarios en la novela Peñas Arriba, escrita por el cántabro José María de Pereda entre 1892 y 1894.
Con su último propietario, don José María de Cossio las visitas de políticos y literatos alcanzaron su mayor relieve en la casona del hermoso valle del Nansa.
Entre los personajes más singulares que por allí pasaron se encuentra la periodista e investigadora del fenómeno penitenciario Concepción Arenal, ilustre penalista, sobrina de Manuel.
También pasaron José del Río Sainz, Giner de los Ríos, y varios más de los miembros de la llamada Generación del 27.
El poeta santanderino Gerardo Diego fue uno de los primeros que se acercó, emulando en 1920 a los personajes de la novela Peñas Arriba.
Unamuno (1923).
Siete años antes de las celebraciones en memoria de Góngora. Alberti da cuenta de su estancia en Tudanca en el verano de 1928 en su autobiografía La arboleda perdida, donde comenta que fue la Casona (en dónde coincidió con Carlos Gardel), el escenario dónde pudo crear Sobre los ángeles, obra cuyo original se encuentra conservado en Tudanca, junto al de El alba del alhelí, que regaló a Cossío al final de aquella visita.
Otras de las personalidades que llegaron a pasar por el lugar hasta la muerte de Cossío fueron, Federico García Lorca (que llegó en 1933 acompañado de otros miembros de ‘La Barraca’), Manuel Azaña, Jorge Bergamín, Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, Antonio y Manuel Machado, Gregorio Marañón, Ramón Menéndez Pidal, José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala.
Don José María de Cossio, escritor e insigne erudito, último propietario, antes de morir cedió la Casona a la Diputación Regional de Cantabria, que se conserva como museo y alberga un espléndido tesoro con unas joyas maravillosas entre las que destaca sobremanera:
La Biblioteca con cerca de 25.000 volúmenes que abarcan desde el siglo XVI al XX, y especialmente con los manuscritos que custodia, sobre todo de escritores vinculados a la Generación del 27, como Alberti, Lorca, Gerardo Diego, entre otros..
También manuscritos de José María de Pereda, Unamuno, Manuel Azaña, Dámaso Alonso, José Hierro, Cela.
El Archivo Histórico familiar y el extenso epistolario que mantuvo don José María de Cossio con los poetas del 27, Miguel Hernández, escritores, toreros, etc.
La Virgen de la Macarena:que acompañaba al torero Joselito, gran amigo de Cossío, en todas las corridas.
Capilla Barroca:
El retablo fue traído en 1752 del Perú, por orden de don Pascual. En el centro aparece la virgen de Cocharcas.
bibliografía
Paisajes y ensayos
Don Miguel de Unamuno
Pascual Fernández de Linares, salió de Tudanca muy pobre, con un pan y una borona y regresó con una fortuna inmensa.
Sirvió en el corregimiento de Lucanas en Perú. Fue también gobernador del Callao, en la época en que ocurrió un gran terremoto que ocasionó una gran catátrofe y ruina , quedando muchos bienes sin dueños, aprovechándose de ellos don Pascual.
Cuando decidió volver a su tierra tudanca a ennoblecerse y fraguarse el linaje que había soñado, avisó de su regreso a sus parientes, que no creyéndole rico, no salieron a recibirle. Tan sólo lo hizo su sobrina doña Rosa García de Miranda.
Hizo construir don Pascual la casona y para ennoblecerla con el escudo de armas se hizo fraguar una Executoria de Hidalguía de sangre.
Esta casa solariega de Tudanca es un edificio complejo levantado en piedra con los muros revocados que la hacen sobresalir sobre el resto de las casas del pueblo. Consta de tres cuerpos diferentes: la casa solariega con una solana orientada al sur como es tradicional, una capilla con espadaña y una torre cuadrangular.
En la fachada principal figura el escudo de armas de Pascual Fernández de Linares.
En la entrada principal está colocada una réplica de la Virgen de la localidad peruana de Cocharcas, que se trajo de allí don Pascual y a cuya devoción atribuía el haberse salvado del terremoto y haberse podido hacer con los bienes que quedaron sin dueño
La capilla posee un retablo barroco del siglo XVIII. También puede observarse un niño de tradición flamenca del siglo XVI y una Virgen Dolorosa vestida con un manto confeccionado de un capote de paseo del torero José Gómez Ortega «Gallito», que Cossío adquirió a la viuda de Sánchez Mejías,
Nuestro paisano, agradeció a su sobrina doña Rosa las atenciones y cuidados desinteresados que le prestó a su llegada, y sirviéndose de la cuantiosa fortuna que poseía la emparentó con el mayorazgo de los Cuesta, casándola con don Pedro Juan de la Cuesta, vecino de La Lastra, lugar donde tenía su casa solariega, y posteriormente la nombró su heredera.
Entre los descendientes de ésta, nacidos en la antigua casa de La Lastra, se encuentran el obispo de Ceuta y Sigüenza José Patricio García de la Cuesta y el militar Gregorio García de la Cuesta. Éste último combatió en la guerra del Rosellón contra la República Francesa (1793-1795) y más tarde fue cabeza de las tropas españolas que participaron en la batalla de Talavera en el año 1809 contra los ejércitos napoleónicos, siendo autor de un interesante epistolario.
Se cuenta que el obispo don José Patricio de la Cuesta empezó tratando con cierto desdén compasivo al tudanco, pero más tarde cuando tuvo que acudir a su plata le llamaba en sus cartas “ señor y dueño mío”.
De los antiguos moradores de la Casona se guardan numerosos objetos como un poncho peruano y varios trabajos de platería traídos por Pascual Fernández de Linares. Del general Gregorio de la Cuesta, además de su retrato y escudo de armas, se conserva la cama portátil que llevaba al frente durante las guerras napoleónicas.
La familia de la Cuesta fue sucediéndose en Tudanca y don Pedro Juan dejó un hijo, don Antonio, y este a su vez, dejó tres, Manuel, Antonio y Francisco.
En el siglo XIX, gracias a la figura de Juan Manuel de la Cuesta y Cossío, bisabuelo de don José María de Cossío, la Casona de Tudanca fue hogar temporal de políticos y literatos.
También a finales del XIX, el edificio, el paisaje y varias de las personas que lo poblaban se convirtieron en escenarios y protagonistas literarios en la novela Peñas Arriba, escrita por el cántabro José María de Pereda entre 1892 y 1894.
Con su último propietario, don José María de Cossio las visitas de políticos y literatos alcanzaron su mayor relieve en la casona del hermoso valle del Nansa.
Entre los personajes más singulares que por allí pasaron se encuentra la periodista e investigadora del fenómeno penitenciario Concepción Arenal, ilustre penalista, sobrina de Manuel.
También pasaron José del Río Sainz, Giner de los Ríos, y varios más de los miembros de la llamada Generación del 27.
El poeta santanderino Gerardo Diego fue uno de los primeros que se acercó, emulando en 1920 a los personajes de la novela Peñas Arriba.
Unamuno (1923).
Siete años antes de las celebraciones en memoria de Góngora. Alberti da cuenta de su estancia en Tudanca en el verano de 1928 en su autobiografía La arboleda perdida, donde comenta que fue la Casona (en dónde coincidió con Carlos Gardel), el escenario dónde pudo crear Sobre los ángeles, obra cuyo original se encuentra conservado en Tudanca, junto al de El alba del alhelí, que regaló a Cossío al final de aquella visita.
Otras de las personalidades que llegaron a pasar por el lugar hasta la muerte de Cossío fueron, Federico García Lorca (que llegó en 1933 acompañado de otros miembros de ‘La Barraca’), Manuel Azaña, Jorge Bergamín, Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, Antonio y Manuel Machado, Gregorio Marañón, Ramón Menéndez Pidal, José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala.
Don José María de Cossio, escritor e insigne erudito, último propietario, antes de morir cedió la Casona a la Diputación Regional de Cantabria, que se conserva como museo y alberga un espléndido tesoro con unas joyas maravillosas entre las que destaca sobremanera:
La Biblioteca con cerca de 25.000 volúmenes que abarcan desde el siglo XVI al XX, y especialmente con los manuscritos que custodia, sobre todo de escritores vinculados a la Generación del 27, como Alberti, Lorca, Gerardo Diego, entre otros..
También manuscritos de José María de Pereda, Unamuno, Manuel Azaña, Dámaso Alonso, José Hierro, Cela.
El Archivo Histórico familiar y el extenso epistolario que mantuvo don José María de Cossio con los poetas del 27, Miguel Hernández, escritores, toreros, etc.
La Virgen de la Macarena:que acompañaba al torero Joselito, gran amigo de Cossío, en todas las corridas.
Capilla Barroca:
El retablo fue traído en 1752 del Perú, por orden de don Pascual. En el centro aparece la virgen de Cocharcas.
bibliografía
Paisajes y ensayos
Don Miguel de Unamuno
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